La saturación se produce por etapas. Los carotenoides llegan primero a la sangre: en un estudio con extracto de tomate, tras 4 semanas la concentración de licopeno en sangre era aproximadamente el doble que al inicio. El primer punto de medición de los estudios clínicos es la semana 4: el experto que evaluaba las fotografías registró entonces los primeros cambios, y algunas participantes notaron por sí mismas un cutis más luminoso. Los estudios muestran los mayores cambios a las 12 semanas, en la última medición, por eso conviene planificar el tratamiento para un mínimo de 3 meses de toma regular.
La física de la luminosidad. La luminosidad de la piel es un fenómeno biológico y óptico que nace en dos niveles. En la superficie, la luz se refleja de forma uniforme y luminosa solo cuando la barrera epidérmica está sana, íntegra y bien hidratada. Una barrera debilitada dispersa la luz en lugar de reflejarla y deja la piel apagada. Más en profundidad, en un tejido con la saturación justa de pigmentos, la luz reflejada adquiere un tono cálido y dorado.
Dos niveles, un solo sistema. La fórmula trabaja en los dos niveles a la vez. La barrera epidérmica se nutre con un multicomplejo bioactivo de ácidos omega de espino amarillo, que favorece las condiciones para un reflejo uniforme de la luz en la superficie. Más en profundidad actúa el espectro completo de carotenoides con astaxantina, que construye el color y su uniformidad y, al mismo tiempo, protege el colágeno de la dermis.
Un protocolo, no un complemento. Es un sistema diseñado y sinérgico, no una lista de ingredientes. Cada elemento cumple una función concreta y todos juntos trabajan en dos horizontes temporales: la luminosidad que se construye y se ve en el día a día, y la protección que da sus frutos con el tiempo.





